Robots

¿En qué momento de nuestra existencia nos convertimos en “robots” de la vida?

“vivimos” a expensas de las reglas de una sociedad hipócrita, siempre pensando en las deudas que adquirimos. Compramos una casa y asumimos una deuda de 30 años para poder disfrutar de esa casa; nos endeudamos con créditos educativos para tener mejor status quo, para ascender en empresas para la que sólo somos un peón en su tablero de ajedrez comercial; nos la pasamos buscando ese “amor de la vida”, muchos logran encontrarlo desde temprano y eso es un regalo único, pero otros pasan toda la vida persiguiendo eso.

Somos unos “robots”, que sólo pensamos en hacer dinero, para pagar deudas, para “mejorar la calidad de vida”, pero se nos olvida vivir, se nos olvida las cosas básicas; por eso algunos niños son felices, aún no han sido programados para esto y ellos viven, se divierten con pequeñas cosas, las cosas más insignificantes los hacen feliz, cómo subirse a un sube y baja, acariciar una mascota, una risa de un anciano.

Perdemos la vida buscando logros, metas, sueños, debemos vivir en equilibrio, las metas, los logros y los sueños son importantes, pero también la felicidad.

No sé dónde está esa felicidad, no sé que se hizo y aunque él no tuvo la infancia más genial, recuerda pequeños momentos dónde la sonrisa era real, dónde el “te amo” de su papá se sentía en el corazón, dónde hablar con su viejo era sinónimo de quedar perplejo y lleno de admiración; aún no está muerto para él, lo escucha a diario decirle que es grande y que nació para cosas mejores que las que un cochino mundo le ofrece.

Él no debe ser un robot, pero cuánto cuesta ser diferente en un mundo donde todos son iguales, cuánta vida le está costando; él, solo quería la “normalidad” de algunos, no pedía nada más, pero no es tan fácil cuando se te ha inculcado que debías romper los paradigmas.

A veces agradece la enseñanza, otras veces la maldice, el punto es que en medio de la soledad que lo embarga quisiera no perderse de esta vida, no vivir dentro de las reglas de sociedad sin ser juzgado, pero no, la sociedad tiene la “vara” de la moral, así que le toca encerrarse, sólo, en su cuarto a ver cómo lo golpean con más fuerza, buscando su rendición.

Mientras, el resto de robot mortales continúa su paso sin saber lo que es vivir o quizá, ¿Quién no sepa cómo vivir es él? Y ha vivido en una burbuja dónde se cree diferente, pero termina siendo igual que el resto.

“¿Por qué la vida merece ser vivida?”

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